Villarruel profundiza su pelea con Milei, dilapida su poder en el Senado y gana terreno Patricia Bullrich

Tras deslizar una supuesta contención y silencio ante las recientes -y graves- acusaciones de funcionarios libertarios, Victoria Villarruel viró rápido y respondió furiosa por todos lados en las últimas horas y confirmó la compleja situación en la que se encuentra en la actualidad, pese a una imagen positiva considerable en algunas encuestas: la titular del Senado pasó de decirle “pobre jamoncito” a Javier Milei, en referencia a un jefe de Estado que estaba entre ella y la hermana del primer mandatario y secretaria general de Presidencia, Karina Milei, a quedar en el medio de un sándwich entre toda la Casa Rosada y la jefa del oficialismo en la Cámara alta, Patricia Bullrich, que se “comió la cancha” y ya le quita el poco poder que le queda.

En primer lugar, es falso o, de mínima, discutible que Villarruel le haya jugado en contra -y con saña- al Gobierno en las fases iniciales de atropello opositor en el Senado. Fue todo lo contrario, aunque no fue gracias a la vicepresidenta, al menos, como ideóloga. Sí, como ejecutora junto a la bancada libertaria y los pocos aliados que quedaban. Uno de los factores clave para tener éxito en el Congreso es el tiempo. Ya nadie lo recuerda, pero desde la Cámara alta se le dieron a la Casa Rosada varias semanas de oxígeno ante distintos temas delicados para la administración central que el kirchnerismo y pícaros aliados se disponían a sancionar. Por eso es trascendental el cargo de la secretaría parlamentaria -el día a día de la agenda legislativa y contactos con los bloques-, que desde el 10 de diciembre de 2023 es ocupada por el respetado Agustín Giustinian. Tiene un equipo de caras no conocidas, pero que hicieron magia ante las oleadas anti libertarias. Y sólo con siete o seis integrantes de 72 en ese entonces.

Después de los primeros embates del Gobierno, Villarruel, que ya empezaba a tropezar con algunos lineamientos políticos y comunicacionales, limó sin freno a la entonces eficiente secretaria administrativa de la Cámara alta María Laura Izzo, que se fue en 2025. Esa butaca es el corazón y caja del Senado. Lo reemplazó -dialoguistas dieron votos- con su amigo Emilio Viramonte Olmos. Duró unos días. Después de meses de indefinición, llegó el alivio con Alejandro Fitzgerald, muy bien visto por las diferentes bancadas. En resumen, una cadena de errores infantiles difíciles de asimilar para alguien con una eventual proyección nacional, si uno pensara esta misma situación, por caso, en un Ministerio de Economía.

La vicepresidenta y titular delLa vicepresidenta y titular del Senado junto al secretario parlamentario de la Cámara alta, Agustín Giustinian (Gustavo Gavotti)

Con el correr de 2025, Villarruel aprovechó redes sociales y ahí sí arrancó a diferenciarse de algunas posturas de la Casa Rosada. Es decir, pisó el palito. Justo, en el peor momento de Milei. Mientras tanto, en un Senado en modo “Vietnam” peleaba con un tenedor el entonces jefe oficialista, Ezequiel Atauche (Jujuy). Antes de las elecciones generales de octubre pasado, la vicepresidenta fue recibida casi con honores por el gobernador de Formosa, Gildo Insfrán. El “querido tío”, según un penoso video que circuló en las últimas horas. Semanas atrás, lo hizo con el de La Rioja, Ricardo Quintela. En cuanto al último, ¿sus asesores saben lo que comentan los propios peronistas de allí sobre la gestión del “gitano”?

Consumados los comicios de octubre y la victoria de los hermanos Milei a nivel nacional, Villarruel entró en una espiral negativa que se sintió en la propia Cámara alta. Por caso, en noviembre de 2025, recibió al titular del Senado español y bloqueó todo un pasillo -público- entre su oficina y el salón Eva Perón. Ni Cristina Kirchner llegó a hacer una cosa así.

En diciembre último apareció Bullrich, una máquina de sacar leyes, al menos, hasta ahora. Por supuesto que lo hizo con un bloque inflado, dialoguistas reacomodados -alivio por un tóxico que partió, pese a que se cansó de negociar cositas- y una eficiencia alta, si de períodos de sesiones extraordinarias se hablara. Villarruel continuaría con viajes a provincias y su propio camino. Más las redes.

Las novelas con los vicepresidentes parecen no tener fin en la Argentina. Y, en caso de corroborarse el quiebre para siempre entre los Milei y la titular del Senado, será venenoso para ella moverse, si es que lo piensa, en clave electoral. En algún momento llegará 2027 y, si se concreta un salto, la Casa Rosada tendrá argumentos de sobra.

Villarruel tiene una medalla más para colgarse, además de haberle regalado la planta permanente -en un abrir y cerrar de ojos- a alguien de su círculo más íntimo: en 2024 inauguró un busto de la ex presidenta Isabel Perón y la visitó en España. Es, quizás, la única persona que el 99% del peronismo -todas las ramas- olvidó y negó en su historia oficial, por vergüenza, durante décadas. Coincide con el destino que quieren los hermanos Milei para ella.