Hay una brecha incómoda entre lo que los líderes empresariales saben que deben hacer y lo que realmente están haciendo. El informe The State of Organizations 2026 de McKinsey, basado en más de 10.000 respuestas de altos ejecutivos en 16 industrias, lo cuantifica: solo el 28% considera que su organización está preparada para enfrentar los cambios que se avecinan. Incluso entre los optimistas, apenas un tercio se siente listo.
No es una crisis sectorial. Es una transformación estructural impulsada por tres fuerzas simultáneas: la irrupción de la inteligencia artificial, la fragmentación geopolítica global y la redefinición del trabajo y el liderazgo.
La IA que todos adoptan, pero casi nadie aprovecha

El 88% de las organizaciones experimenta con IA. Suena bien hasta que se lee la letra chica: solo el 19% reporta incrementos de ingresos superiores al 5%, y en Estados Unidos apenas el 1% de los ejecutivos C-suite describe sus implementaciones como maduras. El 86% de los líderes reconoce que su organización no está preparada para incorporar la IA en operaciones diarias.
Las barreras son más humanas que tecnológicas. El 46% cita preocupaciones sobre sesgos, propiedad intelectual y amenaza a los empleos. Una de cada seis organizaciones ni siquiera tiene un responsable de nivel C-suite para la adopción de IA.
Y un dato que debería grabarse en la mente de todo CEO: por cada dólar invertido en tecnología, deberían invertirse cinco en personas.

Allianz ofrece un ejemplo concreto de cómo hacerlo. Su plataforma AllianzGPT tiene más de 60.000 usuarios activos. Pero el diferenciador no es la herramienta, sino el enfoque: en lugar de amenazar con la automatización, pidieron a cada empleado que identificara cómo la IA podría reducir su carga de trabajo en cuatro horas semanales.
“En cinco años, dos tercios de las habilidades que necesitamos serán completamente diferentes. Y cinco años es básicamente mañana”, afirmó Bettina Dietsche, de Allianz.
Lo más revelador del informe es que solo uno de cada cuatro líderes espera que los agentes de IA actúen como compañeros autónomos de los empleados en los próximos dos años. Y uno de cada diez cree que sus empleados simplemente perderán la oportunidad. Es la versión corporativa de tener un gimnasio en casa y nunca usarlo.
Geopolítica: la resiliencia que pocos construyen
El 72% de los ejecutivos percibe un impacto notable de las tensiones geopolíticas en sus organizaciones. Pero solo el 26% realiza planificación de escenarios trimestrales, y el 17% no tiene ninguna metodología para evaluar estos riesgos. El principal obstáculo no es externo: el 38% señala sus propias estructuras organizacionales rígidas como la barrera más grande.
El caso de la empresa alemana Tonies ilustra lo que significa estar preparado. Cuando Estados Unidos anunció aranceles sobre productos fabricados en China en abril de 2025, la compañía creadora del popular reproductor infantil Tonieboxm, acababa de inaugurar —un día antes— una planta en Vietnam. No fue casualidad. “La ventaja de una ‘alerta organizacional’ constante es poder responder cuando las cosas cambian, en cualquier momento y con rapidez”, explicó Tobias Wann, CEO de Tonies.
Un dato que debería inquietar: el 43% de los ejecutivos reconoce haber desinvertido demasiado tarde o haber fallado en hacerlo cuando debieron. Las empresas que reasignan recursos con rapidez tienen 2,2 veces más probabilidades de superar a sus competidores en retorno total para accionistas.
El factor humano que la tecnología no reemplaza

McKinsey estima que el 75% de los roles actuales necesitarán reconfiguración con nuevas combinaciones de habilidades. Pero la IA no está eliminando empleos en masa: cuando roles completos fueron automatizados, el 54% de los líderes reasignó o recapacitó a los afectados. Solo uno de cada cinco eliminó el puesto.
El hallazgo más potente del informe revela que las organizaciones que invierten por igual en personas y en rendimiento son 4,3 veces más propensas a mantener desempeño financiero de primer nivel durante nueve de cada diez años. Tienen la mitad de volatilidad en ganancias y su tasa de deserción es 5% menor. Sin embargo, solo el 20% de los líderes cree que las recompensas no financieras impulsan significativamente el desempeño.
“Si quieres cambiar la gestión del desempeño del negocio, tienes que cambiar todo el sistema, no solo una parte”, afirma Sarah Armstrong, Rolls-Royce.
En diversidad e inclusión, el panorama es más matizado de lo que sugieren los titulares: el 90% de los líderes globales la sigue considerando prioritaria, y el 81% mantiene o expande sus esfuerzos. Incluso en Norteamérica, únicamente el 16% dice que no es una prioridad.
El mensaje central del informe puede condensarse en una idea: el cambio dejó de ser un episodio para convertirse en una condición permanente. Las organizaciones que busquen “volver a la normalidad” descubrirán que ya no existe. La IA no transforma las compañías. La transforman los empleados que la usan, los líderes que la impulsan y las organizaciones que se atreven a rediseñar no solo sus herramientas, sino su forma de trabajar.












