El 11 de abril de 1998, en plena Semana Santa, la ciudad de Goya sufrió una de las inundaciones más graves de su historia. Las lluvias, con un registro cercano a 330 milímetros, junto con la crecida del río, dejaron gran parte del territorio bajo agua.
El saldo fue de siete muertos, cerca de 40.000 evacuados y pérdidas estimadas en 1.500 millones en el sector agrícola. La situación llevó a evaluar incluso el traslado masivo de habitantes hacia Colonia Carolina, ante el avance del agua y la falta de condiciones para permanecer en la ciudad.
Muchos guardan el recuerdo del esquinense “Pacho” Balestra, quien por entonces tenía 57 años. Día y noche, junto a otras personas, trabajó en la colocación de bolsas para reforzar las defensas.












