En los estudios de Multiplataforma Bitácora, en el programa Conta Conmigo conducido por Pedro Sá, pasó una de esas historias que ayudan a entender no solo el presente de una actividad, sino también su raíz, su esfuerzo y su transformación a lo largo del tiempo. El invitado fue Osvaldo Spessot, referente de la Empresa Silvia, quien compartió un recorrido cargado de trabajo, visión y decisiones clave.
Nacido en Goya, Spessot lleva el transporte en su historia familiar. Su padre, oriundo de Entre Ríos, junto a sus hermanos, comenzó trabajando en actividades agropecuarias y luego en obras viales, construyendo terraplenes en rutas de la región. Aquellos primeros pasos incluyeron trabajos con herramientas rudimentarias como la pala de buey y obras emblemáticas como el antiguo puente del Guayquiraró.

Con el tiempo, la familia se radicó en la zona del río Corriente, donde surgió una necesidad concreta: cruzar el río. Así nació un servicio de balsa construido artesanalmente, que luego se complementó con el transporte de cargas, especialmente de naranjas hacia Entre Ríos. Pero la demanda crecía y también lo hacía la oportunidad: no existía un servicio completo de pasajeros en la zona.
Fue allí donde comenzó el transporte de personas, primero con un camión y luego con la compra de un colectivo, en una época en la que los trayectos eran largos, difíciles y sin infraestructura. En 1945, la familia ya estaba dando forma a lo que sería el inicio del transporte organizado en la región.
Tras la muerte de su abuelo, el padre de Osvaldo tomó la posta siendo muy joven, acompañado por sus hermanos. La empresa, en ese momento llamada San Antonio, comenzó a operar en condiciones muy precarias: recorridos de hasta 80 kilómetros que demandaban 7 horas de viaje, atravesando campos y abriendo tranqueras, en un contexto donde prácticamente no existían caminos ni vehículos.
El punto de inflexión en la historia personal de Spessot llegó en 1976. Con apenas 17 años, decidió independizarse del negocio familiar y apostar por su propio camino. Adquirió un permiso de transporte entre Perugorría y Curuzú Cuatiá, sin contar siquiera con un colectivo propio. Durante ese tiempo, fue chofer, mecánico, vendedor de pasajes y encargado de mantenimiento.
En un contexto adverso, con caminos de tierra y condiciones climáticas que podían dejarlo varado durante días, logró sostener el servicio. Una devaluación económica en ese mismo año le permitió cancelar anticipadamente sus deudas y adquirir su primer colectivo propio. Así nació formalmente la Empresa Silvia, nombre elegido en homenaje a una hermana fallecida en la infancia.
Desde entonces, el crecimiento fue constante. En pocos años amplió recorridos, alcanzando ciudades como Paso de los Libres, y consolidando su presencia en la región. Sin embargo, el gran salto se dio en 1994, cuando la empresa logró acceder a una línea hacia Buenos Aires, lo que significó una apertura económica clave y un posicionamiento a nivel nacional.
A lo largo de su trayectoria, Spessot destacó que nunca hubo un momento puntual de quiebre, sino un crecimiento sostenido basado en trabajo, experiencia y conocimiento adquirido en la ruta. Incluso, continuó manejando unidades hasta casi los 40 años, manteniendo contacto directo con la operación diaria.
En cuanto al contexto actual, fue claro al señalar que el transporte ha atravesado crisis en todos los gobiernos, diferenciando entre las crisis económicas —que pueden gestionarse internamente— y las decisiones políticas, que muchas veces modifican las reglas de juego y resultan más difíciles de afrontar.
También remarcó la pérdida de fuerza de las cámaras empresariales en comparación con décadas anteriores, así como la concentración del sistema en pocos grupos, una característica que se mantiene en el tiempo, aunque con distintos actores.
Uno de los cambios más significativos que explicó fue la transformación en la demanda del servicio, especialmente en el interior. Históricamente, gran parte del movimiento en terminales como la de Goya provenía de zonas rurales. Sin embargo, la creación de nuevos municipios con servicios propios generó una descentralización que redujo notablemente el flujo de pasajeros hacia la ciudad.
Hoy, recorridos que antes requerían refuerzos por alta demanda, circulan con una ocupación mínima. Este cambio estructural impacta directamente en la sostenibilidad de los servicios, obligando a las empresas a ajustar frecuencias y replantear operaciones.
La historia de Osvaldo Spessot no solo refleja el crecimiento de una empresa, sino también la evolución del transporte en la región y en el país. Desde caminos de tierra hasta rutas nacionales, desde una balsa artesanal hasta líneas de larga distancia, su testimonio deja en claro que detrás de cada servicio hay décadas de esfuerzo, decisiones y adaptación constante.
Producción general : Sebastián soler
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