Cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, soltó la frase de que “por primera vez, la economía se va a llevar puesta a la política en el año electoral”, tuvo razón en un punto, aunque quizás no abarcó todo lo que significa esa afirmación. Oficialistas y opositores entienden, como ocurrió en las últimas elecciones, que será la economía la que defina al ganador. No al revés.
Caputo hizo ese planteo para tranquilizar al mercado. Una vez más. Como desde el mismo día en que asumió. Ayer, el INDEC informó que en abril la construcción y la industria manufacturera profundizaron su retroceso. Ambas registraron caídas interanuales del 2,8% respecto del mismo mes del año anterior. En la medición desestacionalizada, la construcción cayó 4% y la industria 2,1% frente a marzo, acentuando la tendencia negativa.
La actividad muestra una dinámica de “dos velocidades”: una fuerte tracción de los sectores exportadores frente a una recuperación más lenta e irregular del mercado interno. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de marzo mostró un salto interanual del 5,5% y un crecimiento desestacionalizado del 3,5% respecto de febrero. Sin embargo, esos números contrastan con los indicadores adelantados de abril y mayo, que reflejan retrocesos en sectores dependientes del consumo local.
Al mismo tiempo, el Gobierno exhibe un cambio de actitud respecto de la acumulación de reservas de cara al calendario electoral. El Banco Central volvió a comunicar compras de divisas, que superaron los 400 millones de dólares durante la última semana.
“Hay dólares para todos los que quieren importar y para todos los que quieren repatriar dividendos. Sobran tantos dólares que el Banco Central ha venido comprando a razón de USD 100 millones por día”, afirmó ayer Caputo durante el IAE Summit 2026.
En paralelo, el jueves el organismo dará a conocer la inflación de mayo. Será inferior al 2,6% registrado en abril. Así, el índice de precios continúa moviéndose en un escalón bajo en comparación con los años anteriores, aunque con dificultades para perforar el piso del 2%.

Sin embargo, ese mantra ya no alcanza para garantizar satisfacción económica en la población. El estudio de opinión pública de Reale Dalla Torre (RDT), correspondiente a mayo de 2026, va en esa dirección. Si bien Javier Milei mantiene la centralidad política, la economía aparece como el verdadero “talón de Aquiles” de su gestión.
El 61,2% de los encuestados señaló que la principal dificultad del Gobierno es económica. Dentro de ese universo, la caída del consumo y las ventas concentra el 46,6% de las respuestas, mientras que la pérdida de empleo alcanza el 14,6%.
En contraste, los problemas políticos —como la interna oficialista, las formas del Presidente o la continuidad de Manuel Adorni— apenas reúnen el 26,7% de las respuestas. Esto introduce un matiz interesante frente a la idea instalada desde algunos sectores de Hacienda de que la interna oficialista es el principal obstáculo para la gestión económica.
En el mismo relevamiento, la principal preocupación de los argentinos es que “no alcanza el dinero”, con un 55,1%. Le siguen el empleo (40,8%) y el aumento de las tarifas de servicios públicos (40,4%).
Respecto de las expectativas, el panorama es complejo: el 64,4% tiene una percepción negativa de su situación económica personal y el pesimismo sobre cómo estará el país dentro de un año escaló al 55,8%, el nivel más alto registrado en lo que va de 2026.

Martha Reale, directora de RDT, explicó a Infobae: “Hace tiempo que advertimos que el principal problema es la pérdida del poder adquisitivo. En los últimos seis meses comenzó a aparecer con fuerza el tema del empleo. Para completar el podio se sumó la preocupación por el ajuste tarifario”.
“Eso nos llevó a despejar una incógnita. Está instalado que el problema es político por la interna. Entonces quisimos saber si realmente era así o si seguía siendo la economía, amplificada por los conflictos políticos. Ocurre algo parecido a la corrupción: no es el principal problema, pero amplifica el malestar económico. El problema central sigue siendo la economía”, sostuvo.
Si la economía es la madre de todas las batallas, ¿qué escenario muestra hoy la Argentina?
Enrique Szewach, economista, ex director del Banco Central y ex vicepresidente del Banco Nación, analizó el panorama para Infobae. Respecto de la inflación, señaló que todavía falta para consolidar una tasa del 1% mensual.
“Seguimos en un contexto de cambios de precios relativos, con aumentos en los regulados y un tipo de cambio demasiado lejos del techo de la banda como para desalentar expectativas. Además, seguimos teniendo pocas reservas”, explicó.
A las preocupaciones detectadas por las encuestas agregó otra observación: el crecimiento económico está impulsado principalmente por sectores exportadores —como petróleo, minería y agro— que tienen poca sensibilidad al tipo de cambio y escasa incidencia en el empleo.

Por el contrario, sectores como la industria, el comercio masivo, la construcción y la industria automotriz continúan estancados o en retroceso.
“Esto preocupa por su impacto en el empleo y también por sus efectos sobre la recaudación fiscal. Como reconoció el propio Gobierno, por el lado del gasto nacional queda poco margen de maniobra. Y las provincias tampoco realizaron reformas estructurales en sus sectores públicos”, sostuvo.
Entonces vuelve la pregunta: ¿es la economía o es la política?
“No quiero pecar de economicista, pero la economía, para bien o para mal, siempre termina llevándose puesta a la política. La gente, salvo en momentos excepcionales, vota con el bolsillo, ya sea por su situación actual o por las expectativas que tiene sobre el futuro”, respondió.
Con una economía que no bate récords, pero tampoco se encuentra en caída libre, Szewach concluyó: “Todo dependerá de que el Gobierno deje de cometer errores no forzados o de que la oposición sea capaz de presentar un proyecto mejor, y no simplemente una vuelta atrás”.
La economía es la clave. La política amplifica. Y es ahí donde el Gobierno intenta resolver sus internas o, al menos, lograr que convivan con el menor ruido posible. Por ahora, parece imposible.
A los misiles cruzados se sumó el pedido de la Inspección General de Justicia (IGJ) a la Fundación Faro para que informe quiénes son sus aportantes. La organización está vinculada, en los hechos, a Francisco Caputo —hermano de Santiago— y a Agustín Laje.
En el entorno del principal asesor presidencial aseguran que detrás de esa avanzada está Karina Milei. Si no fuera así, será difícil convencerlos de lo contrario.
Mientras tanto, los espacios que buscan representar al electorado antiperonista comenzaron a moverse con más intensidad.
Mauricio Macri recorre el país con libertad y entusiasmo, mientras coquetea con una eventual candidatura. María Eugenia Vidal salió a respaldarlo públicamente en Infobae y lo propuso como alternativa.
Sus declaraciones en el streaming de este medio generaron ruido en el oficialismo, que respondió recordando viejas denuncias vinculadas a corrupción y financiamiento político.
“Entró la bala”, dijeron a Infobae desde el entorno de la exgobernadora.
Mientras Macri disfruta del ruido que genera en el Gobierno, también se anota desde hace tiempo la vicepresidenta Victoria Villarruel. En su entorno aseguran que podría acercarse a los 15 puntos de intención de voto. Aunque la cifra parece optimista, la decisión de la vicepresidenta parece irreversible: jugar la carrera presidencial de 2027 desde ahora.
A Macri y Villarruel se suma una tercera figura. Esta vez, desde adentro. Patricia Bullrich no está dispuesta a quedarse quieta.
“Tenemos mala suerte en el Senado. Todo lo propio termina transformándose en rival”, reconoció con resignación un senador libertario.

Desde el entorno de Bullrich lo explican de otra manera: “Nosotros necesitamos mantener la marca. Ella tiene que ser competitiva siempre. Si no, acá te pasan el cuchillo”.
Quizás por eso ningún integrante del equipo de la ex ministra de Seguridad participó del lanzamiento de la escuela de dirigentes de La Libertad Avanza en la Ciudad de Buenos Aires.
Karina Milei fue la anfitriona del acto, presentada por Pilar Ramírez, su principal armadora política en la Capital. Dos de esas escuelas estarán dirigidas por ex integrantes del PRO. Una por el propio Luis Caputo. La otra por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger.
“Lo quiero mucho a Mauricio, pero es el tiempo de Javier”, dijo Sturzenegger días atrás en Infobae.
¿Podrá convertirse en el candidato que necesita Karina Milei para evitar verse obligada a aceptar a Bullrich? Todavía falta demasiado tiempo para saberlo.











