La región de América latina y el Caribe atraviesa una transformación demográfica que cambiará la economía y la vida cotidiana en las próximas décadas. La tasa global de fecundidad cayó a 1,8 hijo por mujer en 2024 y el bono demográfico regional (el período en el cual la población en edad de trabajar crece más rápido que la dependiente) terminará en 2028 según los datos de la CEPAL.
Al mismo tiempo, la cantidad de personas de 60 años y más llegará a 182 millones en 2050, el 25% de la población regional.
Caída de los nacimientos
La fecundidad regional alcanzó el nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer) en 2015. Nueve años después bajó a 1,8 hijo por mujer, lo que la ubicó como la tercera región con la tasa de fecundidad más baja del mundo. En 2024, además, el 76% de los países y territorios de la región ya registraba una fecundidad inferior al nivel de reemplazo.
La edad media de la fecundidad pasó de los 27 años en 2014 a cerca de 27,6 años en 2024. La comisión vincula este desplazamiento con un mayor acceso de las mujeres a la educación, una participación creciente en el mercado laboral y cambios en las aspiraciones reproductivas.
Eso no significa que todo el descenso observado responda a que las mujeres decidieron definitivamente tener menos hijos. Una parte se relaciona con la postergación de los nacimientos.
El organismo identifica un efecto tempo: cuando la maternidad se desplaza hacia edades mayores, algunos nacimientos quedan fuera del período utilizado para calcular la fecundidad anual.
El envejecimiento modifica las cuentas
La CEPAL define al envejecimiento como la transformación más radical de la estructura demográfica regional. Para 2050, las personas de 60 años o más representarán una cuarta parte de la población, unos 182 millones de personas. También crecerá con mayor velocidad el grupo de 80 años o más. Es el llamado envejecimiento del envejecimiento. Este segmento tendrá un fuerte predominio femenino y mayores niveles de dependencia, por lo que aumentará la necesidad de pensiones, atención sanitaria, cuidados de largo plazo y servicios especializados.
Para las economías, el punto crítico aparece en la relación entre quienes trabajan y quienes dependen económicamente. El bono demográfico funciona como una ventana de oportunidad: cuando aumenta la proporción de población en edad de trabajar, cada persona activa puede sostener, en términos relativos, a menos dependientes. Esa ventana está por cerrarse.
Según el promedio regional, el bono demográfico terminará en 2028. Desde entonces, la población en edad de trabajar dejará de crecer más rápido que la población dependiente. La consecuencia no es que la economía vaya a derrumbarse automáticamente.
El desafío es otro: habrá menos margen para crecer apoyándose en el aumento de la cantidad de trabajadores. El organismo plantea que los países deberán elevar la productividad, aumentar la participación laboral de las mujeres y adaptar sus estrategias de desarrollo a una estructura etaria diferente.












