“¿Ya pediste prestada la motosierra?”: Milei se coló en el debate entre Lula y Bolsonaro

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro protagonizaron un duro cruce durante el debate presidencial, a una semana del balotaje del domingo 25 de octubre. La motosierra de Javier Milei, las denuncias de corrupción que salpican a sus entornos familiares, la seguridad y la economía dominaron el primer debate cara a cara entre los candidatos durante la campaña.

“¿Ya pediste prestada la motosierra de Milei?”, lanzó Lula a su rival, en una de las frases más fuertes de la noche. El mandatario buscó marcar distancia entre su gestión y el modelo del presidente argentino, mientras Bolsonaro defendió una agenda de ajuste del gasto y endurecimiento de la política de seguridad.

El intercambio se produjo en un escenario electoral ajustado. En la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos y Lula alcanzó el 45,16%, por lo que ninguno consiguió imponerse y ambos deberán disputar la presidencia en la segunda vuelta.

La motosierra de Milei y las acusaciones de corrupción

La referencia al presidente Javier Milei apareció cuando Lula cuestionó el modelo económico que propone Flávio y su cercanía con el presidente argentino. “Eres amigo de Milei. ¿Has seguido cómo está Argentina? ¿Vas a seguir el modelo de Milei?”, le planteó el mandatario, según las transcripciones del debate.

“¿Ya pediste prestada la motosierra de Milei?”, la chicana de Lula a Flávio Bolsonaro.

Además, el Partido de los Trabajadores (PT) siguió el debate en redes y aseguró que Bolsonaro tuvo “un cortocircuito” cuando Lula habló de Milei, a quien calificaron como “el dueño de la motosierra que está destruyendo a la Argentina y que es la referencia del tijeretazo que Flávio Bolsonaro pretende aplicar en el Brasil”.

El senador respondió con una promesa de recorte: aseguró que daría “un tijeretazo en la corrupción”. También buscó asociar a Lula con los gobiernos de Daniel Ortega, en Nicaragua, y Nicolás Maduro, en Venezuela, pero el presidente brasileño rechazó esa comparación y defendió su propia trayectoria: “Mi modelo es el de Lula, el que generó la mayor inclusión social”.

La corrupción fue uno de los ejes más ásperos del intercambio. “La mentira es el fuerte de la familia Bolsonaro”, disparó Lula. Flávio contestó con otra chicana: “Tu nariz está creciendo, Lula. Ten cuidado”.

Uno de los cruces giró alrededor de Fábio Luís Lula da Silva, conocido como Lulinha, hijo del presidente. El senador lo cuestionó por las versiones que lo vinculan con una investigación por presunto tráfico de influencias. Lula sostuvo que el caso está en manos de la Policía Federal y afirmó que su hijo puso a disposición de los investigadores sus cuentas bancarias y su teléfono.

Como respuesta, el mandatario también interrogó a su rival electoral por el financiamiento de una película sobre su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. Durante el debate mencionó al banquero Daniel Vorcaro, detenido, y una supuesta oferta de 133 millones de reales para respaldar la producción. El senador no dio una respuesta directa a ese cuestionamiento.

Seguridad y narcotráfico, otra disputa central

En cuanto a políticas de seguridad, Bolsonaro prometió que, si llega a la presidencia, declarará “la guerra al narcoterrorismo” desde enero y recuperará los territorios controlados por organizaciones criminales.

“Vamos a recuperar cada metro, cada calle, cada barrio, cada ciudad y cada territorio”, aseguró. Su propuesta incluye penas más duras, de hasta 80 años de prisión, y un enfoque de mano dura contra las bandas criminales. En ese planteo, sostuvo que sus integrantes “van a estar presos o a ser neutralizados”.

Lula defendió una estrategia diferente, centrada en la coordinación entre el Gobierno federal y los estados, además de una mayor articulación de las fuerzas de seguridad. “Vamos a liberar los territorios para las comunidades”, afirmó.

El presidente también respaldó una reforma para reorganizar la seguridad pública y crear un ministerio específico, una iniciativa que depende del avance legislativo. Su argumento es que el Estado nacional debe tener un papel más activo frente al crimen organizado, en coordinación con los gobernadores.

La discusión expuso dos enfoques para un problema que atraviesa la campaña brasileña: el endurecimiento de las penas y la intervención directa que promete Flávio, frente a la apuesta de Lula por reforzar la coordinación estatal y recuperar el control territorial.

Economía, empleo y la jornada laboral

La economía también estuvo presente en el debate. Bolsonaro cuestionó el costo de vida y el poder adquisitivo de los brasileños, con una pregunta dirigida al presidente: “¿Hace cuánto tiempo que no pones un pedazo de carne en tu congelador?”. Además, planteó la creación de un Ministerio de la Prosperidad, con foco en las deudas y las necesidades de la población más vulnerable.

Lula, por su parte, defendió los resultados económicos de su administración y puso el acento en la generación de empleo, la capacitación profesional y la inclusión social. También reivindicó las oportunidades ligadas a la economía digital y verde.

La reducción de la jornada laboral apareció como otro punto de contraste. El Senado había aprobado el 14 de octubre una propuesta para avanzar hacia dos días de descanso semanal y reducir la jornada de 44 a 40 horas, sin recorte salarial. Lula buscó que su rival se comprometiera a sostener esa modificación. Bolsonaro, que había expresado reparos a la iniciativa, terminó votando a favor, aunque evitó dar una definición contundente durante el debate.

Con la segunda vuelta cada vez más cerca, ambos candidatos intentaron presentarse como la opción más confiable para conducir el país. Lula apeló a su experiencia de gobierno y a las políticas sociales; Flávio buscó capitalizar el descontento económico y prometer un giro en seguridad y administración pública.

 

El resultado del 25 de octubre definirá si Brasil mantiene a Lula en el Palacio del Planalto o elige a Flávio Bolsonaro, en una campaña donde las propuestas se mezclaron con acusaciones personales y distintos modelos de país.