Pese al resultado de la final en el mundial de fútbol, los comerciantes y los vendedores ambulantes sacaron provecho de los ocho partidos que disputó el conjunto dirigido por Lionel Scaloni. En el torneo más largo de la historia, a diferencia del que ganó Argentina en Qatar, los finalistas disputaron ocho encuentros.
Esto generó oportunidades económicas a los emprendedores, comerciantes y autónomos que viven de la venta ambulante.
En las calles y avenidas de la ciudad de Corrientes, en cada fecha de partidos, se podía observar el abanico de ofertas. El flamear de banderas daba un colorido inigualable y a los simpatizantes que no contaban con camisetas, gorros o cualquier otro accesorio de la selección los tentaban para lucir los colores patrios.
En las principales plazas y avenidas de la ciudad se pudo apreciar esta posibilidad laboral durante todo el torneo. En cuanto a los precios, las banderas iban desde los 8 mil pesos en adelante. Las réplicas de las camisetas desde 20 mil pesos. Los gorros desde 10 mil pesos y pelotas desde los 15 mil pesos.
En los alrededores de los Fan Fest de la ciudad se ubicaron varios puestos de estos productos. Algunos de los puesteros afirmaron que el hecho de llegar a la final le permitió tener buenas ventas. “Estamos tristes porque más allá de haber llegado hasta el último partido también somos hinchas. Queríamos ver a Messi levantar la cuarta. No se pudo dar, así que solo nos queda agradecerle al equipo por todo el sacrificio que hizo para llegar al objetivo. A nosotros nos permitieron durante todo el Mundial vender nuestros productos y eso en tiempos de crisis es más que satisfactorio”, dijo uno de los vendedores de la rotonda de Poncho Verde a época.
En el centro capitalino también se pudo ver las ofertas de los vendedores informales. A lo largo de la calle Junín, las camisetas, banderas, stickes y otros productos celestes y blancos ganaron la principal calle comercial de Capital. Los comercios tradicionales también se aggiornaron a la época mundialistas y decoraron sus vidrieras con los colores argentinos.
Las casas de deportes, las de electrodomésticos, entre otros, vendieron también un poco más durante el torneo. Los supermercados, carnicerías y kioscos de barrios, los días de partido también lograron incrementar su recaudación en cada partido de la Scaloneta. “Por suerte llegamos hasta la final. Si bien no logramos levantar la copa, el hecho de disputar los ocho partidos nos dio la chance de vender muchas bebidas, pan, prepizzas, lácteos y fiambres, entre otros productos”, dijo Vanesa, encargada de un kiosco de barrio de esta capital.
La final en la Poncho Verde
Cuando comenzó el partido, el silencio respetuoso dio paso al fervor. Cada intervención del seleccionado despertó aplausos, aliento y esperanza. El sufrimiento propio de una final se vivió de manera colectiva. Hubo nervios, abrazos, miradas cómplices y emociones compartidas entre personas que ni siquiera se conocían, pero que durante noventa minutos fueron parte de una misma pasión.
El pitazo final y el 1 a 0 a favor de España en la prórroga, dejó una mezcla de tristeza por el resultado y orgullo por el recorrido realizado por la selección. Lejos de apagarse, los aplausos se multiplicaron como una forma de agradecer el esfuerzo de un equipo que volvió a colocar a Argentina entre las mejores selecciones del mundo.
También hubo palabras de reconocimiento para los jugadores, el cuerpo técnico y todos quienes hicieron posible otra campaña mundialista que quedará en el recuerdo de millones de argentinos.












