Las costumbres más curiosas de San Martín

José de San Martín tuvo una vida marcada por la disciplina, pero también por costumbres y gustos poco conocidos. El prócer nacido en Yapeyú, Corrientes, podía comer un asado utilizando únicamente el cuchillo, liaba su propio tabaco, cosía su ropa y hasta tenía facilidad para reconocer el origen de un vino con solo probarlo.

Una de las costumbres más llamativas era su particular manera de comer carne. Según los relatos sobre sus hábitos, durante los asados mordía la carne y utilizaba el cuchillo para cortar el sobrante, sin recurrir al tenedor.

También tenía una relación particular con el mate. Aunque no era aficionado a la infusión, tomaba café utilizando mate y bombilla para acompañar a sus soldados y evitar desairarlos cuando ellos bebían mate.

Su interés por las armas habría aparecido desde muy pequeño. A los cinco años, mientras jugaba en su casa, encontró una espada real de su padre escondida entre otros objetos y comenzó a utilizarla como juguete. Con el tiempo, esa anécdota quedó asociada a la vocación militar que desarrollaría durante su vida. A los 11 años ya había iniciado su carrera como soldado.

San Martín también era hábil con las manos y tenía la costumbre de reparar su propia vestimenta. Se lo habría visto remendando botones y desgarros de su capote, una práctica coherente con el estilo austero que mantuvo durante buena parte de su vida.

Entre sus gustos personales también estaba el tabaco. Solía liar su propio tabaco negro para armar sus cigarros. Además, era aficionado a la pintura y llegó a decir que, si no hubiera sido militar, podría haberse dedicado a pintar marinas.

La música también ocupó un lugar importante. San Martín tocaba la guitarra y había estudiado en España con uno de los maestros destacados de la época. También hablaba español, inglés, francés e italiano, aunque algunas fuentes destacan particularmente su dominio del francés.

Su disciplina se reflejaba incluso en aspectos cotidianos. Después del almuerzo acostumbraba dormir una siesta breve, de aproximadamente una hora, y tenía la costumbre de probar personalmente la comida destinada a sus soldados antes de que ellos comenzaran a comer.

Otra de sus habilidades era el ajedrez. Era considerado un jugador competente y difícil de vencer, una afición que compartió durante distintos momentos de su vida.

También existen historias vinculadas a su relación con el vino. Se cuenta que podía reconocer el origen de una bebida simplemente al probarla, demostrando un conocimiento poco habitual para la época.

Su preocupación por la educación quedó reflejada incluso después de sus campañas. Cuando en Chile le ofrecieron dinero relacionado con su desempeño como gobernador, habría destinado esos recursos a la creación de una biblioteca pública.

Uno de los capítulos más importantes de su trayectoria fue la expedición hacia el Perú. Para la campaña zarpó con una fuerza compuesta por 20 embarcaciones, 4.430 soldados y 35 piezas de artillería, además de repuestos y uniformes destinados a una fuerza mucho mayor.

San Martín nació en Yapeyú, actual provincia de Corrientes, en 1778. El pueblo había sido una importante reducción jesuítica y su padre, Juan de San Martín, se desempeñaba allí como teniente gobernador.

Incluso después de su muerte dejó un legado material relacionado con la historia de América. Entre sus disposiciones testamentarias se encontraba la entrega al Perú de un estandarte que, según la tradición, había pertenecido a Francisco Pizarro. Sus restos descansan actualmente en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

Detrás del general y del estratega existía así un hombre de costumbres austeras, aficionado a la música, la pintura, el ajedrez y el vino, con hábitos cotidianos que permiten conocer una faceta menos difundida del Libertador.