Monseñor Larregain advirtió sobre las “nuevas formas de esclavitud”

Ante una multitud de fieles que se congregó en las inmediaciones de la plaza 25 de Mayo y el santuario céntrico, en el marco de una tarde soleada la ciudad de Corrientes celebró la solemnidad de su Patrona, la Virgen de la Merced. La misa central estuvo presidida por el arzobispo, Monseñor José Adolfo Larregain, quien ofreció un profundo mensaje pastoral centrado en la fe, la libertad humana y el llamado urgente a la solidaridad comunitaria.

Durante su homilía, el prelado destacó el significado de acudir a la Madre de Jesús para poner bajo su amparo las familias, las preocupaciones y los anhelos del pueblo correntino.

Inspirado en el canto bíblico del Magníficat, recordó que Dios “escucha el clamor de los pequeños y actúa en la historia para abrir caminos de vida y dignidad”.

Las heridas del presente

Uno de los momentos de mayor resonancia en la predicación de Monseñor Larregain fue el llamado a identificar y combatir las cadenas que someten a las personas en la actualidad.

“Hoy existen nuevas formas de esclavitud”, enfatizó. El arzobispo enumeró tanto los flagelos visibles —entre los que citó a la pobreza que margina, la explotación laboral, las adicciones, la violencia, la soledad y la exclusión— como aquellas ataduras interiores que corroen el tejido social, señalando al resentimiento, el individualismo, la desesperanza y el afán desmedido de poder o de poseer.

Frente a este escenario, instó a los creyentes a mantener una actitud despierta y empática: “La Virgen de la Merced nos invita a no acostumbrarnos al dolor de los demás. Su presencia maternal nos mueve a mirar, acompañar y comprometernos”.

Remarcó además que la verdadera devoción mariana no puede ser pasiva ni individualista, sino que debe traducirse en la defensa cotidiana de la dignidad de cada hermano.

Esperanza y renovación

Tomando el lema que guio las celebraciones patronales, “Jesús hace nuevas todas las cosas”, Larregain envió un mensaje de aliento e invitó a no bajar los brazos ante las dificultades.

Sostuvo que la fe tiene la capacidad de restaurar vínculos quebrados y devolver la esperanza donde reina el desaliento, aunque remarcó que esa renovación divina “necesita de nuestras manos, cercanía y compromiso cotidiano”.

El arzobispo concluyó la Eucaristía elevando una oración a la patrona de Corrientes, pidiendo por la protección de las familias y la fortaleza de quienes trabajan día a día por construir una sociedad más fraterna y justa, donde nadie sea tratado como un objeto ni quede abandonado a su suerte.