En el primer trimestre de 2026, Marcelo Mindlin acumuló tres novedades que lo pusieron en un lugar relevante. Es el nuevo presidente de InterCement, la tercera cementera de Brasil, y con ella el de Loma Negra, la mayor productora de cemento de la Argentina, cuya historia se remonta a 1926. Anunció en Nueva York, durante la Argentina Week organizada por el gobierno de Javier Milei en Wall Street, inversiones por 7.700 millones de dólares en Vaca Muerta y en la red de transporte de gas, los proyectos privados más grandes del país en décadas. Y el 18 de marzo, por decisión del propio Milei, asumió la presidencia de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto —la IHRA—, convirtiéndose en el primer ciudadano sudamericano en encabezar ese organismo intergubernamental de 35 países, que pasó a tener sede en Buenos Aires por primera vez en su historia.
Mindlin ya no es solo un empresario importante del sector energético argentino. Se convirtió, a los 62 años, en un hombre de negocios con proyección regional y en un interlocutor clave entre el capital privado y el Estado bajo el Gobierno libertario. En el mundo empresario argentino empiezan a circular comparaciones que antes habrían sonado prematuras: Mindlin como el nuevo Paolo Rocca, el heredero del Grupo Techint que durante décadas fue el árbitro entre el establishment y la Casa Rosada, lugar que ahora ocupa el hombre de Pampa Energía. El claro reflejo de una época en la que la industria tradicional perdió peso.
Cemento. Loma Negra —la empresa que en el siglo XX puso el cemento de los puentes, las rutas y las viviendas argentinas— había quedado en manos brasileñas en 2005, cuando la familia Camargo Corrêa, uno de los grandes grupos constructores del país vecino, la adquirió como parte de su expansión latinoamericana. Veinte años después, el grupo —reconvertido en Mover Participaciones— se hundía bajo el peso de una deuda de 14.200 millones de reales, asfixiado por los intereses y las multas. Mindlin, experto en “oportuncrisis”, compró parte de la deuda. Su vehículo de inversión, LATCEM LLC, fue acumulando créditos de los bancos que querían salir: el Itaú, el Banco do Brasil, el Bradesco. En octubre de 2025, el plan de recuperación judicial fue aprobado por el 99,66% de los acreedores. En diciembre, la Justicia de San Pablo lo homologó. El 6 de abril de 2026, LATCEM entró como accionista de InterCement con cerca del 39% del capital, junto a los fondos Redwood Capital Management con el 26,7%, Moneda Patria con el 24%, y Cigna con el 4,9%. Mindlin asumió la presidencia del directorio, tanto de InterCement como de Loma Negra.
En Brasil el rumor es que dentro de LATCEM, Mindlin opera con un socio histórico que siempre prefiere el bajo perfil: Joe Lewis, el magnate británico de 87 años dueño de Lago Escondido, en El Bolsón. Lewis y Mindlin se conocen desde los tiempos kirchneristas, cuando el británico se había sumado como inversor en los primeros años de Pampa Energía.
Para Argentina, Loma Negra es una marca relevante, por su historia y porque hoy produce el 45% del cemento del país, opera en diez provincias y exporta a Brasil. Después de dos décadas bajo bandera brasileña, vuelve a ser conducida por un argentino. Mindlin lo presentó en Bloomberg TV como “una oportunidad única en la vida para acceder a las dos economías más grandes de América latina”. Agregó que la guerra en el Estrecho de Ormuz, que tensó los mercados energéticos globales en los primeros meses de 2026, abre para Argentina una oportunidad de presentarse al mundo como proveedor seguro de energía. Para él, como siempre, la crisis ajena es la oportunidad propia.
En marzo de 2026, la Argentina Week reunió en Nueva York a Milei, treinta CEO’s argentinos, el secretario de Estado norteamericano Marco Rubio y una audiencia de inversores globales que el Gobierno esperaba seducir con la historia de la estabilización económica. Al cierre, Mindlin anunció dos proyectos de inversión.
El primero: 4.500 millones de dólares para expandir la producción petrolera de Pampa Energía en el área Rincón de Aranda, en Neuquén, hasta alcanzar los 45.000 barriles diarios. El segundo: 3.000 millones de dólares para el mayor proyecto de procesamiento de líquidos de gas natural de la historia del país, desarrollado por TGS —la transportadora que Pampa controla junto a la familia Sielecki— con una planta en Tratayén, un poliducto hasta Bahía Blanca y una terminal marítima de exportación. “Hace más de 25 años que Argentina no concreta un proyecto de procesamiento de líquidos y este es el de mayor magnitud de la historia”, dijo Mindlin en diálogo con Forbes. “Es una inversión clave para solucionar uno de los cuellos de botella que podrían limitar el desarrollo de Vaca Muerta”, agregó.
Milei celebró la inversión. La relación entre el empresario y el Presidente tiene una dimensión que excede los negocios y la política. En marzo de 2026, Milei lo designó al frente de la presidencia de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), cuya presidencia por primera vez recae en un país del hemisferio sur, Argentina. La ceremonia de traspaso, con Israel como país saliente, se realizó en el Palacio San Martín. “Es un orgullo para mí que el presidente Javier Milei me haya elegido para liderar esta presidencia”, dijo Mindlin en Jerusalén, donde leyó su discurso. “Asumo este rol con un fuerte compromiso y con el objetivo de mostrarle al mundo el trabajo realizado para convertir la memoria de la Shoá en una temática central de nuestro sistema educativo”, agregó.
El vínculo entre Mindlin y Milei tiene en la comunidad judía argentina su terreno de encuentro más natural. Milei se acercó al judaísmo a partir de 2021, a través del rabino Axel Wahnish y del movimiento Jabad Lubavitch. Ese espacio religioso tiene una característica bien documentada: cultiva con dedicación el vínculo con grandes empresarios. Eduardo Elsztain –ex socio de Mindlin– es uno de los principales aportantes históricos de Jabad en Argentina. Mindlin es presidente del Museo del Holocausto de Buenos Aires. En la comunidad judía empresaria argentina, donde todos se conocen desde hace décadas, los caminos de Mindlin y Milei convergen en el mismo territorio: el que une la fe, el capital y el poder.












