En el marco de una creciente preocupación social por los episodios de violencia en instituciones educativas en Argentina, la licenciada en Psicología Lucía Brignani fue entrevistada en el programa radial “Contar Conmigo en la Mañana”, donde aportó una mirada profunda sobre las causas, los desafíos actuales y las posibles formas de abordaje desde la salud mental.
Durante la charla, Brignani explicó que desde el psicoanálisis no se trabaja con generalidades, sino desde la singularidad de cada caso. Sin embargo, reconoció que estos hechos deben leerse como emergentes de un entramado social más amplio. “No hay algo normativo que se pueda aplicar a todos, pero sí podemos hacer una lectura que nos permita abordar lo social”, señaló.
Uno de los ejes centrales fue la violencia como manifestación de una dificultad en la comunicación. “La violencia no es lenguaje, es justamente lo contrario: aparece cuando no se puede poner en palabras lo que le pasa a alguien”, explicó. En este sentido, destacó que muchas conductas violentas responden a impulsos que no encuentran canalización simbólica.
La especialista también hizo hincapié en el contexto actual, al que definió como “la época de los unos solos”, donde el otro ha dejado de ser una referencia. Según indicó, los adolescentes ya no encuentran modelos claros en sus padres o docentes, y el saber ha perdido valor frente al predominio de la inmediatez y la tecnología. “Hoy el saber está en el bolsillo, en un celular. Eso cambia completamente el vínculo con la autoridad y el aprendizaje”, afirmó.
En relación al rol de la familia, Brignani subrayó la importancia de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. “La transmisión es en acto. Si no hay una correspondencia, lo que se transmite es otra cosa”, advirtió. También señaló que muchos padres manifiestan sentirse desbordados y sin herramientas frente a sus hijos, aunque remarcó que esos momentos suelen ser el resultado de procesos previos no atendidos.
Sobre el papel del Estado y las respuestas punitivas ante situaciones de violencia, fue clara: si bien ordenar es necesario, ese tipo de intervenciones no abordan el problema de fondo. “El discurso jurídico organiza, pero no se pregunta qué le pasa al sujeto. Y sin esa pregunta, no hay transformación posible”, sostuvo.
En cuanto al rol de las instituciones educativas, evitó ubicarlas como víctimas o victimarias, pero sí destacó su responsabilidad en la detección temprana de señales de alerta. Cambios en el comportamiento, bajo rendimiento o aislamiento pueden ser indicadores de situaciones más profundas que requieren intervención.
Otro punto relevante fue el impacto de los medios de comunicación. Brignani consideró que es fundamental visibilizar estos temas, pero con responsabilidad. “No es lo mismo informar que caer en el amarillismo. La forma en que se comunica puede generar más miedo o ayudar a comprender”, expresó.
Respecto al miedo en los niños, afirmó que es una emoción necesaria y estructurante, aunque advirtió sobre los riesgos de la sobreexposición a contenidos violentos. En ese sentido, llamó a los adultos a acompañar y supervisar el acceso a la información, evitando dejar a los chicos solos frente a dispositivos sin control.
Finalmente, al ser consultada sobre cómo recuperar el diálogo con adolescentes, la psicóloga planteó que no existen recetas universales, pero sí una orientación clara: acercarse desde el interés genuino y el afecto. “Hoy los chicos rechazan las bajadas de línea. Hay que entrar por lo que les interesa, construir desde ahí. La función del amor es central”, concluyó.
La entrevista dejó en evidencia que la problemática de la violencia escolar no puede abordarse desde una única perspectiva, sino que requiere un trabajo conjunto entre familias, escuelas, profesionales y el Estado, con una mirada que vaya más allá de la sanción y apunte a comprender las causas profundas de estos fenómenos.











