Libertarios y peronistas activaron la rosca por 2027 mientras el bolsillo sufre las penurias de 2026

“Milei es así”. El ministro no escupió esa frase con enojo, pero había en el tono que usó frente a un grupo de dirigentes violetas una mezcla extraña de aceptación y resignación. Nadie quiso interrumpir sus argumentos y mucho menos discutirle porque el hombre estaba resumiendo, en la intimidad de su despacho, el sentir de buena parte del oficialismo: el primer presidente liberal libertario de la historia es un líder distinto. No es políticamente correcto. Incomoda con sus afirmaciones. Razona como si no le importara el costo social de sus palabras. Y, aunque supo demostrar que puede ser pragmático si el contexto lo requiere, su existencia está atravesada por los dogmas de sus autores predilectos como Murray Rothbard, Ludwig von Mises o Friedrich Hayek. Por eso, aquella tarde en Casa Rosada, la indignación de ese grupo de colaboradores rápidamente se convirtió en una terapia colectiva que derivó en una conclusión tan simple como obvia: “Estas son las reglas, así que hay que seguir para adelante si queremos la reelección”.

El episodio que había desatado el debate interno tenía que ver, como casi todas las discusiones que se dan puertas adentro de Balcarce 50, con la economía cotidiana y las penurias del bolsillo que aparecen como un reclamo de creciente intensidad en todos los sondeos de opinión pública que llegan al corazón del poder. “Quienes se endeudan tienen responsabilidad”, había declarado el primer mandatario en televisión nacional antes de completar su lectura con una pregunta provocativa: “¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?”. En definitiva, nadie en Argentina debería esperar medidas de alivio para un drama en ascenso: según un informe del Banco Central, la morosidad de los créditos otorgados a las familias ya alcanzó 12,8%, lo que significa el nivel más alto en 20 años. Sin embargo, el rojo con las billeteras virtuales y sus tasas de interés usurarias llega al 30%. El doble clic en el dato es alarmante: buena parte de los pedidos de dinero líquido son para cubrir gastos corrientes y llegar a fin de mes.

“Javier es un político al que no le importa la política”, explica ante Infobae el mismo funcionario que le dijo a los suyos que “hay que aceptar a Milei como es Milei porque ganó las elecciones justamente por su espíritu genuino”. ¿Y esa actitud lo puede ayudar a quedarse otro período en el sillón de Rivadavia? Ahí brotan los titubeos y los silencios extendidos. También la admisión de que varios ministros recibieron estudios cualitativos que marcan un apoyo menos vigoroso por parte de quienes acompañaron a La Libertad Avanza en la segunda vuelta de 2023. “¡Que tenga más empatía!”, dijo un joven de 20 años del conurbano bonaerense en un focus group llevado adelante por un especialista que es respetado por el ecosistema libertario. Un adulto de 43 desde el norte del país agregó: “Lo de la inflación está bárbaro, pero el tema del día a día se está complicando y no se ve una luz al final del túnel”. Y una mujer de 55 del centro productivo fue todavía más dura: “Al final se volvieron casta y no les importa la gente”. Son individuos que no tienen en claro cómo se van a comportar en el cuarto oscuro, pero que levantan la voz en representación de los desencantados.

Ante este panorama, el Presidente delegó en Karina y en sus súbditos más cercanos la responsabilidad del operativo para repetir la victoria. El verbo “delegar” no es una metáfora: para sorpresa de propios y extraños, Milei está cada vez menos metido en la rosca proselitista. Jamás fue fanático de esa parte de su trabajo, pero quienes lo conocen bien lo ven más “aislado” y “enfrascado” que de costumbre; no sale de la Quinta de Olivos salvo por sus tan venerados viajes al exterior, no habilita el intercambio de opiniones con prácticamente nadie de su entorno y rara vez interviene en asuntos cotidianos. Aparece de nuevo la idea de una figura que quemó los manuales tradicionales a tal punto que, juran a su lado, ni siquiera le importa perder si eso implica abrazarse a concepciones populistas o ceder ante el equilibrio fiscal. “Yo no compito contra otros espacios, yo compito contra mí mismo haciendo cada día un gobierno mejor. Si hacemos un buen gobierno, vamos a lograr la reelección. Y si no hacemos un gobierno que merece ser reelecto, no seremos reelectos”, manifestó hace días con desparpajo.

Karina Milei y Mauricio MacriKarina Milei volvió a llamar a Mauricio Macri

Mientras, la Mesa Política hace “lo imposible para que este modelo se sostenga y fortalezca porque sus beneficios van a terminar llegando”, como suele repetir en privado sin titubear uno de sus miembros más populares.

“El Jefe”, por acción u omisión de su hermano, está más empoderado que nunca: encabeza las reuniones importantes, hace seguimiento fino de las preocupaciones del gabinete, define la estrategia electoral de los 24 distritos y elabora los mensajes que hay que bajar al territorio. Sin ir más lejos, fue la que decidió citar al último cónclave de la mesa chica a un Federico Sturzenegger al que ahora tiene “con la correa corta”, sobre todo después de que en el Congreso se cayeran tres de los seis capítulos originales del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. “Nunca en la historia una secretaria general tuvo tanto poder”, conceden en la Rosada.

El problema es que semejante despliegue político tiene una condición de posibilidad que excede largamente las habilidades negociadoras de Karina, Diego Santilli, los primos Menem o cualquier otro integrante de la troupe violeta. En el corazón de la Casa Rosada ya no separan la economía de la elección: si la actividad, los ingresos y el empleo no empiezan a dar señales más concretas de recuperación, la erosión de la gestión puede profundizarse hasta volver mucho más cuesta arriba los planes oficiales. Una definición empieza a repetirse en conversaciones reservadas con consultores: una parte de la sociedad ya le “pagó” a Milei en las legislativas de 2025 la baja de la inflación, el superávit fiscal y la poda del Estado. Ahora quiere cobrar en especie, con mejores salarios, más trabajo y mayor capacidad de consumo.

Agustín Laje, uno de los intelectuales más escuchados en el universo libertario desde la dirección ejecutiva de la Fundación Faro, lo explicó esta semana en Infobae en vivo con una advertencia que seguramente no entusiasma en Olivos, pero que no deja de ser un baño de realidad: “Si los gobiernos de derecha no logran cambiarle la vida a la gente, el péndulo se va a ir hacia la izquierda”. Su diagnóstico incluye un asterisco menos dramático: Milei conserva un núcleo duro importante, pero deberá “mejorar formas, aliviar gestos y acercar posiciones” para conquistar a los que todavía flotan en el centro del tablero.

Agustín Laje aseguró que el Gobierno deberá “mejorar formas, aliviar gestos y acercar posiciones”Agustín Laje aseguró que el Gobierno deberá “mejorar formas, aliviar gestos y acercar posiciones”

Los relevamientos que circulan en los despachos oficiales ayudan a entender la inquietud. AtlasIntel/Bloomberg, especialmente observado por el Círculo Rojo, volvió a ubicar la aprobación presidencial cerca de su piso: 37,1% contra 62,4% de desaprobación. Hay detalles más ásperos: 70% considera mala la situación económica argentina y 60% dice lo mismo de la realidad de su familia. Tampoco sobra esperanza hacia adelante: 56% cree que su metro cuadrado empeorará durante los próximos seis meses.

QSocial llegó por otra vía a una conclusión parecida. Solo 16% califica como buena la situación actual del país y, cuando pregunta cuánto tiempo están dispuestos los argentinos a esperar una mejora personal, la mitad responde que ya no puede esperar más. La consultora incluso cruzó la tolerancia al ajuste con el respaldo electoral y encontró dos curvas que se mueven casi pegadas: en julio, la aceptación de la austeridad cayó al 33% y la intención de sufragar a favor de Milei en 2027 se plantó en 31%. “El voto puede moverse casi 13 puntos según lo que pase con la percepción económica. La economía es la variable dominante”, concluye el estudio.

Casa Tres encontró una manera todavía más brutal de representar el fenómeno: entre quienes debieron resignar consumos, la aprobación de la gestión es de apenas 23%; entre quienes no tuvieron que hacerlo, salta al 74%. Una grieta de bolsillo de más de cincuenta puntos. ¿Qué fue lo mejor que hizo LLA? La baja del Índice de Precios al Consumidor, que según el INDEC se aceleró de 1,9% a 2,1% el último mes, y el ordenamiento del gasto público. ¿Y lo peor? El 60% menciona consecuencias del ajuste: ingresos y consumo, desempleo y estancamiento, problemas para jubilados, la salud, la educación y la discapacidad, además de corrupción, malos modos y una política exterior polémica. La paradoja está a la vista: los argentinos reconocen el éxito que Milei quería conseguir, pero ahora parecen pedirle otro. Para Mora Jozami, titular de la consultora, el desafío es conseguir que el bienestar sea “más homogéneo y transversal” para que más personas puedan decir una frase tan sencilla como electoralmente decisiva: “Ahora a mí también me está yendo mejor”.

Todavía falta para eso. Zentrix descubrió que 86,6% considera necesarios dos o más empleos o fuentes de ingreso para llegar a fin de mes y que 66% agota sus ingresos antes o, como máximo, el día 20. Entre los jóvenes, el último guarismo escala al 85,5%. Otro trabajo, del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) del cura jesuita Rodrigo Zarazaga, reveló que 57% de ese segmento tuvo que pedir plata prestada o tomar un crédito en su hogar y que seis de cada diez redujeron gastos cotidianos.

Así fue la evolución de la inflación en los últimos dos añosAsí fue la evolución de la inflación en los últimos dos años

Hay, de hecho, una postal que vale por diez planillas de Excel. El sábado pasado, en la Sociedad de Fomento de Villa Astolfi de Pilar, volvió a organizarse un Club del Trueque: familias que intercambian bienes y servicios sin utilizar dinero en pleno 2026. Sus organizadores dicen que no será el único evento de esas características que se hará en ciudades populosas.

Hasta sectores naturalmente cercanos al oficialismo empiezan a advertir estas tensiones sociales. El más reciente informe de la Fundación Pensar, la usina vinculada al PRO, incluye un artículo de Hernán Lacunza que reconoce la estabilización, pero pone la lupa sobre los ganadores y perdedores del nuevo esquema. Agro, energía y minería generan en conjunto apenas unos 250.000 empleos directos; en cambio, entre los sectores con turbulencias, industria y construcción concentran casi cuatro millones de trabajadores y el comercio suma otros cuatro millones. La conclusión del reporte es incómoda para los defensores más fanáticos del programa que encabeza Luis Caputo: “La segunda fase es más difícil políticamente: convertir estabilización en bienestar”.

Lo interesante es que esas críticas aparecen justo cuando el partido que encabeza Mauricio Macri y La Libertad Avanza volvieron a hablar seriamente de convivencia. Karina Milei telefoneó el lunes al ex presidente y charlaron durante cerca de media hora. Es toda una novedad que incluye dos aceptaciones: del lado del dirigente amarillo, que la interlocutora válida va a ser la dama de hierro de esta gestión; del lado violeta, que solos no pueden ganar. El encuentro entre Diego SantilliEduardo “Lule” Menem y Martín Menem con Cristian Ritondo y Fernando de Andreis fue apenas el primero de una serie de encuentros que se repetirán, en principio, cada quince días.

Reunión del Gobierno y PRO en Casa Rosada santilli, de andres, ritondo, martin menem y lule menemEl primer encuentro entre Diego Santilli, Eduardo “Lule” Menem y Martín Menem con Cristian Ritondo y Fernando de Andreis

El “borrón y cuenta nueva” aplica también a los gobernadores que se pusieron más duros, como quedó demostrado en la última sesión de la Cámara Alta. El jefe de Gabinete retomó el método Pac-Man: conversaciones constantes, viajes, transferencias, obras, pliegos de jueces e infinitas promesas. En apenas un puñado de jornadas cedió a San Juan la gestión de distintos tramos de rutas nacionales, como ya había hecho con Santa Fe; estuvo en Misiones con los líderes del Norte Grande y viajó a Catamarca para avanzar en una obra de acueductos compartida con Santiago del Estero.

La razón excede cualquier federalismo repentino: el Gobierno necesita votos para el Presupuesto 2027, la reforma electoral y, sobre todo, la suspensión de las PASO, convertida en el primer gran objetivo de Karina para despejar el camino electoral. Estos movimientos de orfebre no significan que los caciques hayan decidido entregar la lapicera: la discusión por las Zonas Frías es el ejemplo que mejor muestra dónde termina la buena onda y empieza la calculadora, ya que algunos mandatarios que acompañaron en Diputados quieren que Economía garantice las compensaciones eléctricas prometidas para las denominadas zonas cálidas antes de la votación en el Senado.

Del otro lado de la grieta también se activó el despertador electoral. Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner volvieron a compartir una mesa después de interminables meses de desconfianzas y reproches, acompañados por gobernadores y jefes parlamentarios. “No estamos ni cerca de ser amigos, pero al menos hubo una primera coincidencia estratégica: defender la importancia de las primarias. No tanto por amor a ese sistema, sino por necesidad. Nos puede ayudar a evitar una fractura antes de llegar a la elección”, resumió uno de los presentes en el convite.

Así las cosas, las tribus políticas de todos los colores e ideologías empezaron a mover las fichas de 2027 cuando todavía falta una eternidad para entrar al cuarto oscuro: 436 días para la primera vuelta. La política ya vive en campaña y hace cuentas de cara al futuro. En paralelo, millones de argentinos hacen una cuenta menos sofisticada y bastante más urgente: cuánto falta para llegar a fin de mes.